Entre tú y yo
hay un montón de contradicciones
que se juntan
para hacer de mí el sobresaltado
que se humedece la frente
y te edifica.
juanlestonpadron@gmail.com




solos
MINIMÁS *
* En palabras de su autora, “las minimás son aforismos poéticos que no tienen cuerpo de máximas, pero tampoco son mínimas, así que son, eso, minimás: nanopoemas, verso solo, afanes míos de jíbara literaria, poesía en píldoras”.
id también al desquiciado, al esclavo de las convenciones,
llevadles mi desprecio hacia sus opresores.
Id como una ola gigante de agua fría,
llevad mi desprecio por los opresores.
Hablad contra la opresión inconsciente,
hablad contra la tiranía de los que no tienen imaginación,
hablad contra las ataduras,
id a la burguesa que se está muriendo de tèdio,
id a las mujeres de los barrios residenciales,
id a las repugnantemente casadas,
id a aquellas cuyo fracaso está oculto,
id a las emparejadas sin fortuna,
id a la esposa comprada,
id a la mujer comprometida.
Id a los que tienen una lujuria exquisita,
id a aquellos cuyos deseos exquisitos son frustrados,
id como una plaga contra el aburrimiento del mundo;
id con vuestro filo contra esto,
reforzad los sutiles cordones,
traed confianza a las algas y tentáculos del alma.
Id de manera amistosa,
id con palabras sinceras.
Ansiad el hallazgo de males nuevos y de un nuevo bien,
oponeos a todas las formas de opresión.
Id a quienes la mediana edad ha engordado,
a los que han perdido el interés.
Id a los adolescentes a quienes les asfixia la familia…
¡Oh, qué asqueroso resulta
ver tres generaciones reunidas bajo un mismo techo!
Es como un árbol viejo con retoños
y con algunas ramas podridas y cayéndose.
Salid y desafiad la opinión,
id contra este cautiverio vegetal de la sangre.
Id contra todas las clases de manos muertas.
HAY UN DÍA FELIZ
A recorrer me dediqué esta tarde
Las solitarias calles de mi aldea
Acompañado por el buen crepúsculo
Que es el único amigo que me queda.
Todo está como entonces, el otoño
Y su difusa lámpara de niebla,
Sólo que el tiempo lo ha invadido todo
Con su pálido manto de tristeza.
Nunca pensé, creédmelo, un instante
Volver a ver esta querida tierra,
Pero ahora que he vuelto no comprendo
Cómo pude alejarme de su puerta.
Nada ha cambiado, ni sus casas blancas
Ni sus viejos portones de madera.
Todo está en su lugar; las golondrinas
En la torre más alta de la iglesia;
El caracol en el jardín, y el musgo
En las húmedas manos de las piedras.
No se puede dudar, éste es el reino
Del cielo azul y de las hojas secas
En donde todo y cada cosa tiene
Su singular y plácida leyenda:
Hasta en la propia sombra reconozco
La mirada celeste de mi abuela.
Estos fueron los hechos memorables
Que presenció mi juventud primera,
El correo en la esquina de la plaza
Y la humedad en las murallas viejas.
¡Buena cosa, Dios mío!; nunca sabe
Uno apreciar la dicha verdadera,
Cuando la imaginamos más lejana
Es justamente cuando está más cerca.
Ay de mí, ¡ay de mí!, algo me dice
Que la vida no es más que una quimera;
Una ilusión, un sueño sin orillas,
Una pequeña nube pasajera.
Vamos por partes, no sé bien qué digo,
La emoción se me sube a la cabeza.
Como ya era la hora del silencio
Cuando emprendí mi singular empresa,
Una tras otra, en oleaje mudo,
Al establo volvían las ovejas.
Las saludé personalmente a todas
Y cuando estuve frente a la arboleda
Que alimenta el oído del viajero
Con su inefable música secreta
Recordé el mar y enumeré las hojas
En homenaje a mis hermanas muertas.
Perfectamente bien. Seguí mi viaje
Como quien de la vida nada espera.
Pasé frente a la rueda del molino,
Me detuve delante de una tienda:
El olor del café siempre es el mismo,
Siempre la misma luna en mi cabeza;
Entre el río de entonces y el de ahora
No distingo ninguna diferencia.
Lo reconozco bien, éste es el árbol
Que mi padre plantó frente a la puerta
(Ilustre padre que en sus buenos tiempos
Fuera mejor que una ventana abierta).
Yo me atrevo a afirmar que su conducta
Era un trasunto fiel de la Edad Media
Cuando el perro dormía dulcemente
Bajo el ángulo recto de una estrella.
A estas alturas siento que me envuelve
El delicado olor de las violetas
Que mi amorosa madre cultivaba
Para curar la tos y la tristeza.
Cuánto tiempo ha pasado desde entonces
No podría decirlo con certeza;
Todo está igual, seguramente,
El vino y el ruiseñor encima de la mesa,
Mis hermanos menores a esta hora
Deben venir de vuelta de la escuela:
¡Sólo que el tiempo lo ha borrado todo
Como una blanca tempestad de arena!
Por un pueblo conduzco de noche, las casas surgen
Al resplandor de la luz –están despiertos, desean beber.
Casas, galpones, letreros, vehículos abandonados –es ahora
que se visten de vida. La gente duerme:
Algunos duermen en paz, otros con rostros tensos
Como si estuviesen estrenando para la eternidad
No osan soltarse completos a pesar que su sueños son pesados.
Descansan como barreras caídas cuando cruza el misterio.
Afuera del pueblo el camino se alarga entre los árboles del bosque
Y los árboles los árboles en silencio entre ellos
Tienen el color teatral que tiene el brillo del fuego
¡Qué claras son sus hojas! Me persiguen hasta la casa.
Me acuesto a dormir, veo imágenes desconocidas
Y signos suben solos detrás de las pupilas
En la oscuridad de la muralla. En la rendija entre en vela y el sueño
una gran carta intenta colarse en vano.

Leyendo el último comunicado de la Ceoe-Tenerife experimenté un deja vu, primero tuve una tremenda sensación de familiaridad ante la retahíla de exigencias que luego se transformó en sobrecogimiento. Me asaltan las dudas y hasta me pregunto si la reforma laboral ha sido realmente aprobada, si los recortes salariales son sólo una tempestuosa amenaza que todavía no se refleja en las nóminas, o si la flexiseguirdad es simplemente una palabreja para el quebranto y la tortura… Lo cierto es que los dirigentes empresariales parecen engullidos por un bucle de requerimientos que se repiten a diario, un machacón día de la marmota que amenaza constantemente nuestros derechos sociales y laborales.
Hoy, igual que ayer, exigen mano dura con “esos (cinco millones van ya) que se apuntan al paro porque sí”, con los funcionarios que, como apuntó el presidente porque sí de la Ceoe, Juan Rosel, “son unos prepotentes e incumplidores”. Pero no contentos con ello, siguen apretando a las clases populares, recortando presupuestos públicos en las políticas sociales y en servicios esenciales o restringiendo el acceso a las pensiones y prestaciones sociales. Hoy, igual que ayer, CC.OO. y UGT renuevan su deslealtad y desvinculación de la clase trabajadora firmando con el Gobierno de Canarias y la patronal la segunda entrega del Pacto Social por la Economía y el Empleo y el Pacto por la Sostenibilidad de los Servicios Públicos, donde se condensa el estrepitoso y reiterado fracaso de las políticas puestas en práctica por el Ejecutivo de Paulino Rivero. Un 30% de paro y unos servicios públicos destartalados y encabezando todas las listas negativas del Estado así lo atestiguan.
Por sus demandas y lamentos hemos conocido que son ellos, los empresarios, los que verdaderamente sufren los estragos de la crisis en Canarias y no los miembros de las más de 16000 familias que sobreviven con 180€ mensuales o de las 95000 que lo hacen con 350, o ese precariado al que vampirizan estos hooligans neoliberales con jornadas laborales interminables y sueldos de miseria. Eso es pecata minuta comparado con las subvenciones que perderán los empresarios por el ajuste presupuestario del Gobierno autónomo y que probablemente haya provocado que José Carlos Francisco, presidente de la patronal tinerfeña, no pudiera celebrar su cincuenta y un cumpleaños rodeado por los más de cien invitados en el mismo y lujosísimo hotel en el que apagó las 50 velas del anterior. Cómo preocuparse por la suerte que puede correr un número indeterminado de personas, cómo detenerse en cuestiones tan prosaicas cuando están llamados a salvar la economía isleña, esa patria para dinerientos, emprendedores, empleadores y buscavidas.
Por ello, sus recetas para estos tiempos de crisis capitalista siguen siendo las mismas que en tiempos de bonanza – más reformas laborales, más precarización, más recortes de servicios esenciales, más exclusión social, más privatizaciones, más desregulación, más regresión fiscal, más pobreza- aderezadas con quejas coyunturales cuando el Estado de Derecho despierta puntualmente de su impuesto letargo, ahora es la Inspección de Trabajo quien sabotea su ímproba labor, antes habían sido los inspectores de hacienda, a los que aún hoy siguen responsabilizando estúpidamente del hundimiento de la economía canaria por no permitirles una RIC a la carta.
Se entiende, por tanto, que en sus salidas a la crisis no aparezca ni una palabra sobre la necesidad de potenciar los mecanismos de inspección para la lucha contra la evasión fiscal, el incumplimiento de convenios o la economía sumergida, sobre todo teniendo en cuenta que este empresariado isleño ultraperiférico trapichea anualmente con unos 6.900 millones de euros de dinero negro, situando a S/C de Tenerife como la provincia con mayor tasa de fraude fiscal, nada menos que un 35,7% del PIB, según el informe de los Técnicos del Ministerio de Economía y Hacienda (GESTHA) en el periodo 2000-2009. Y menos ahora, no mentemos la soga en casa del ahorcado, cuando están rogándole al Psoe que les vuelva a permitir invertir capitales RIC (Reserva de Inversiones Canarias) en deuda pública. El nirvana del estafador, es decir, convertirse en prestamista, paradójicamente, de quien les exonera de pagar impuestos, o lo que es lo mismo, vender el cochino a quien se le robó.
Los economistas neoliberales, los técnicos institucionales y corporativos siguen haciéndonos creer que gozan de la misma infalibilidad que se le atribuye al Papa.De ser cierto ya habríamos remontado el vuelo pues cada nueva medida impuesta era etiquetada como necesaria, ineludible y, sobre todo, como solución definitiva –rescate de los bancos, reforma laboral, congelación de salarios y pensiones, perdida de derechos sociales, y vuelta a empezar-. De eso se trataba, de engañar, de embaucar, de estafar hasta convertir a las clases populares en las víctimas de los mercados y sus aliados autóctonos.
En esta lógica es donde debemos situar toda la acción de la Ceoe y de su presidente, José Carlos Francisco, que fue cocinero antes que fraile ya que a su exitosa carrera como asesor y analista financiero le precedió su etapa de funcionario público como Consejero de Economía y Hacienda del Gobierno de Canarias donde también se le presuponía esa clarividencia de la que sigue haciendo gala hoy, aunque la Audiencia de Cuentas de Canarias llegó a considerarlo más como un Houdini capaz de hacer “desvanecerse” más de 40.000 millones de pesetas para ocultar un déficit.