PRESUNCIÓN DE INOCENCIA
Hay quienes en todo sombra tragan,
siembran espinas en sus propias flores,
se adueñan de su miedo y lo forjan usura.
Hay quienes viven en el yermo hechizo
de los sueños que dicen francos
y se despiertan agavillando nervios
–su sombra, su vida, su bilis, sus brazos–
al engranaje que fabrica muertos.
Hay quienes creen que la aventura es vértigo
y duermen serenos en amnióticos zulos.
Hay quienes sin más se rinden,
se entregan todavía sin espanto
y ceden sin culpa, sin queja,
en la presunta inocencia,
en la servidumbre tranquila.
Hay quienes viven bien en el cadalso
sin notarse la soga en torno al cuello.